Instituto de Estudios de las Finanzas Públicas Argentinas

La balanza comercial, en su déficit más alto en 23 años


En el primer semestre se mostró en problemas. La tendencia se mantendrá hasta lograr bajar el rojo fiscal. La visión de los analistas para lo que queda de 2017

 

Por @SantiagoLilo, Apertura, 17 de Agosto 2017

 
No siempre se llevaron bien, pero entre 2002 y 2007 se pusieron de acuerdo y fueron noticia: ambos alcanzaron cifras record, empujados por una reestructuración impositiva y el boom del precio de la soja. Los llamaron “gemelos” y, en el primer gobierno kirchnerista, se mantuvieron, a la par, en superávit. Pero, a partir de 2009, el desmanejo del gasto del Estado le puso fin a la situación: las cuentas fiscal y comercial nunca más volvieron a terreno positivo en simultáneo. Diez años más tarde, la economía argentina tiene, para el primer semestre de 2017, a los dos en números rojos. Mientras que los datos de la Asociación Argentina de Presupuesto (ASAP) muestran un déficit fiscal de $ 246.300 millones para los primeros seis meses –un 76 por ciento superior a igual período del 2016–, el último informe de Intercambio Comercial Argentino del Indec revela un pasivo comercial de US$ 2613 millones. Es el balance deficitario más profundo desde los US$ 2900 millones registrados en el mismo lapso de 1994.

Se concentraron varios factores contractivos en un solo período pero, para Dante Sica, director de Abeceb, el de mayor peso fue la caída del comercio bilateral con Brasil. “Sobre todo en el sector automotor, el problema es que la economía local arrancó y está demandando bienes de Brasil. Pero nuestro vecino recién está por recuperarse y el volumen de comercio entre ambos se mueve por señales de ingresos y no tanto de precios”, explica. Así, las exportaciones a Brasil acumularon US$ 5310 millones en el primer semestre, mientras que las importaciones alcanzaron US$ 9820 millones. El rojo superó US$ 4500 millones, un 75 por ciento más que el año anterior.

El segundo driver vino en combo: se mantuvo la apreciación cambiaria–con una inflación que corre más rápido que el dólar– y la industria local empezó a traccionar. De hecho, el Estimador Industrial Mensual (EMI) del Indec dio un alza interanual del 2,7 y 6,6 por ciento de la actividad en mayo y junio, respectivamente, mientras que la construcción tocó un pico del 17 por ciento interanual, en junio. La industria empezó a importar a un tipo de cambio competitivo. “Se ve un crecimiento de bienes de capital, por la obra pública, y de los insumos intermedios, por la reactivación industrial”, amplía Sica. Y advierte: “Los niveles de importación están por debajo de los de 2015, por eso las importaciones de insumos industriales seguirán creciendo y presionando la brecha deficitaria”.

El mecanismo que mantiene el Gobierno es similar al de los ’90: se endeuda en el exterior y financia ambas cuentas. Para Gabriel Caamaño Gómez, socio y director de Ledesma, el origen de los déficit gemelos es el excesivo gasto público. “Se derrumbaron los superávit gemelos cuando los niveles del gasto empezaron a superar a la tasa de crecimiento del PBI”, explica. Y anticipa: “Este manejo de la balanza comercial se mantendrá hasta que se reduzca el déficit fiscal”. 

En la misma línea, un informe de FyE Consult sostiene que “el resultado del mix de política económica de hiper gradualismo fiscal, financiado con deuda externa, y política monetaria contractiva” genera una apreciación del tipo de cambio y un incremento de los bienes importados. Para FyE, la tendencia gradualista se mantendría y el déficit de la balanza de pagos podría alcanzar los US$ 23.300 millones en 2017 (casi un 4 por ciento del PBI). “Cabe esperar que el Gobierno siga financiando su déficit con endeudamiento externo y que el desequilibrio de la balanza de pagos se mantenga”, cierra el informe.

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