Cocodrilo que se duerme es cartera
Dotar de recursos a una AT es un esfuerzo continuo y de largo plazo. Si dejamos que se adormezca, corremos el riesgo de terminar como el cocodrilo.
Por Silvia Stang, La Nación, 2 de diciembre de 2020
La distancia entre la cantidad de dinero que se necesita mensualmente para no ser considerado pobre y el ingreso personal que hace que se tribute el impuesto a las ganancias es un tema puesto bajo la lupa en los últimos tiempos. ¿Es demasiado baja la brecha? ¿Qué pasó en los últimos años? ¿Debería establecerse, a falta de otros parámetros vigentes, que el salario o la facturación imponibles se fijen a partir de multiplicar el valor de la canasta de pobreza por una cierta cantidad de veces?
El problema de base, claro, es la inflación. Y la falta, en muy buena parte de las últimas dos décadas, de una adecuación periódica del esquema impositivo, tendiente a evitar que el gravamen gane peso efectivo sobre ingresos que pierden o que apenas mantienen en el tiempo su poder adquisitivo. Cada vez que los valores que definen quiénes y cuánto tributan por Ganancias se ajustan por debajo de la inflación, el efecto es que, a igual o a menor capacidad de compra, sube el peso del gravamen.
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Dotar de recursos a una AT es un esfuerzo continuo y de largo plazo. Si dejamos que se adormezca, corremos el riesgo de terminar como el cocodrilo.
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