Cocodrilo que se duerme es cartera
Dotar de recursos a una AT es un esfuerzo continuo y de largo plazo. Si dejamos que se adormezca, corremos el riesgo de terminar como el cocodrilo.
Por César Litvin, CEO en Estudio Lisicki, Litvin & Asociados, Clarín, 1 de diciembre de 2019
En los últimos 20 años los contribuyentes han padecido una verdadera “anarquía” por parte de los fiscos provinciales y municipales que aumentaron y crearon nuevos tributos a costa del sacrificio fiscal de los ciudadanos.
Los impuestos provinciales suman 42 en total. Este desborde vino de la mano de incrementos de alícuotas del peor gravamen del sistema tributario: Ingresos Brutos.
Con indiscutibles efectos tóxicos sobre la actividad económica, para peor, una parte sustancial de este impuesto tiene recaudación anticipada a través de los mecanismos “perversos” de retenciones, percepciones y otros pagos a cuenta que producen innumerables situaciones de saldos a favor de los contribuyentes, con procedimientos “laberínticos” para su devolución y efecto “helado en la mano” ante la voraz inflación que evapora el crédito de los sujetos obligados.
La presión tributaria provincial en 1998 representaba un promedio del 3,6% del P.B.A. En 2018 el peso de ese tributo se había incrementado al 5,6%.
Así puede verse que Ingresos Brutos explica en gran parte la suba de la presión tributaria. Cabe aclarar que la evolución ha sido dispar en los últimos 20 años.
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